martes, 3 de octubre de 2017

¡Mi monedero se fue de rumba!

Porque las cosas buenas también hay que decirlas, deseo compartir con ustedes algo que me ocurrió la semana pasada. Mi cartera decidió irse de rumba con quincena incluida y no me llevó. Les cuento, este viernes a eso de las 7:30 p.m., ya casi llegando a mi casa y apretujada como una sardina en lata en el metro recibo una llamada que me puso en corredera toda la noche. Cuando veo mi celular me doy cuenta que tenía como 7 llamadas perdidas y 3 mensajes en el buzón de voz que por supuesto jamás escuché porque para rematar tenía el celular en silencio. Me entra una llamada de un número desconocido, contesto esperando que sea la noticia de que me gané un auto. Pero no, una voz extraña me dice: -Es usted Johana Soto (Ay Dios!!!) La llamamos de la estación del metro para decirle que acá tenemos su cartera con todos sus documentos. Lo primero que pensé fue me quieren estafar, porque no he sacado mi monedero y como saben mi número de celular. El señor ante mi negación de los hechos, me insiste que efectivamente tienen mi monedero allá y que encontraron una tarjeta de presentación con mis datos, que por favor me fije bien en mi cartera. Yo brava y desconfiada, como pude (recuerden que estaba apretujada) reviso y efectivamente, mi monedero con mis documentos y toda mi quincena (sí toda, todita, toda) no estaba; había sacado mi salario completito del cajero para pagar unas cosas y lo había guardado en mi monedero perdido. -Ay señor, tiene razón, disculpe y como hago para recuperar aunque sea mi cédula porque me imagino no me dejaron ni un dólar. Me dice tiene hasta las 11 de la noche para venir a buscarla. Ustedes recuerdan la película Paulie, de un periquito que recorrió medio Estados Unidos para encontrar a su dueña una niñita de 5 años y cuando por fin se rencontraron ya la niña era una mujer; bueno así me sentí yo. Tuve que ir como a tres lugares distintos y cada vez que llegaba me decían que ya la habían enviado a la siguiente estación. Cuando estaba resignada a no verla más y solo me imaginaba haciendo la fila para sacar todos mis documentos nuevos, recibo la llamada salvadora. -Buenas Noches señora, soy TRINIDAD yo tengo su cartera, trabajo en la estación del metro de Albrook, salgo a las 11 de la noche pero yo la espero hasta que llegue. Para ese momento ya eran como las 10 p.m. Llego y allí veo a TRINIDAD con mi monedero en sus manos, mi cara de felicidad me delató. -¿Es usted Johana verdad? Mire joven, su monedero alguien lo encontró en la estación de Vía Argentina, se lo entregaron a un trabajador de nuestra empresa y de allí lo trasladaron para acá, ha pasado por más de 5 estaciones y por muchas manos, no sabemos si alguien tomó su dinero o algo mas, yo se lo entrego de la manera en que llegó a mí. Lo abro y no me sorprende ver que efectivamente no hay ni un dólar, pienso que por lo menos me dejaron la cédula. El señor me mira y me dice: - En el bolsillito donde se ponen los centavos encontramos un dinero envuelto en forma de rollito. Tenga Fe quizás está todo completito. Me fijo y efectivamente veo un billete de 20 balboas (pienso que por lo menos me dejaron para la leche y el pan), me voy triste y cuando ya estoy más tranquila saco el rollito de dinero y empiezo a contar. No tengo ni que decirles, que en todo el camino a mi encuentro con mi cartera fiestera, iba rezando pidiéndole a Dios un milagro, que por favor no se perdiera nada. Cuento y cuento y cuál es mi sorpresa, que aunque paso por muchas manos y varios kilómetros, nadie tomó ni un solo un dólar; allí estaba toda mi quincena (toda, todita, toda). A la pobre la toquetearon , le movieron todos los papeles, me imagino buscando como contactarme; pero nadie se quedo con nada, cada dólar y cada centavo de mi quincena estaba allí. Es más creo que hasta conté uno o dos dólares más. Hoy le pido a Dios que por favor BENDIGA todas las manos que tuvieron mi cartera este viernes y que fueron tan honradas al no tomar nada. Al señor TRINIDAD de la estación del metro de Albrook Mall muchas gracias por esperarme y entender mi desesperación. En mi Panamá hay mucha gente buena!!! P.D: Me he vuelto la persona más paranoica del mundo con mi cartera, a cada rato me fijo para ver si la muy sinvergüenza sigue donde la dejé.

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