domingo, 4 de diciembre de 2016

Carta para Alessandro

Alessandro, hoy cumples 6 añitos. Sí ya sé que todas las madre decimos que nuestros hijos son los más bellos del mundo, pero “ratoncito” tú para mi eres el niño más valiente y fuerte que he conocido. En los momentos que yo me moría de miedo, tú fuiste tan valiente. Hoy te quiero contar por todo lo que has pasado desde que estabas en mi vientre, para que nunca olvides que si existes, es porque tienes un gran propósito, una meta por cumplir. No te rindas, naciste para ser un Guerrero. Ale, aunque ya no esté junto a tu papi, nunca dudes que fuiste producto del amor y que estamos orgullos de ti, siempre serás, junto a tu hermanito nuestra prioridad. Tanto te queríamos que por dos años te buscamos sin parar. Y cuando ya estaba perdiendo las esperanzas nos sorprendiste con un POSITIVO. Te portaste tan bien en mi panza que mami no vomitó ni una sola vez, me la pasaba durmiendo, no me daba tanta hambre y parece que lo heredaste porque como me cuesta que comas tu comida chiquillito. Mami solo subió 23 libras. Todo iba bien. Pero pasé un susto muy grande contigo. Un día un señor que nos visitaba me preguntó cuántos meses tenía, cuando le respondí 5, me dijo que su esposa había perdido dos embarazos a los 5 meses por una caída y que me cuidara mucho porque me podía pasar lo mismo. Al día siguiente bajando un escalón me caí, no te puedo decir cuánto lloré y el miedo que sentí. Gracias a Dios fuiste fuerte y te agarraste duro porque tú tenías que nacer. Pero cuando llegamos a las 27 semanas la cosa se puso fea, el doctor nos dijo que no estabas creciendo bien, que tenían que hacerme unos exámenes para saber si tenías un problema físico o genético. Fue horrible, con cada examen sentía que el corazón se me paralizaba. Gracias a Dios todo salió bien, pero tú seguías sin crecer como debía y no sabían por qué. Seguimos adelante, todo marchaba normal, realmente no tenía ningún síntoma que me molestará. Llegamos a las 34 semanas, recuerdo que comí esa tarde como albañil y de postre una paleta de nuez, había un sol precioso de diciembre y una brisa de navidad, todo era perfecto y yo me acosté a ver tele. Y de repente…. Plop!!! Sentí como si explotará una burbuja. Me levanté y vi como bajaban litros y litros de agua y pensé: Oh mi Dios pero si solo vamos por la semana 34. En ese momento no teníamos auto y el hospital más cercano estaba lejísimo, llamé a tu futura madrina y me dijo que iba saliendo a hacer unos mandados, así que le dije: Bueno ahora tienes otro mandado, vuela a buscarme que este “ratoncito” va a nacer. Llegamos al hospital, yo estaba aterrada, no sabía ni que me iban a hacer, llegó la doctora, me tomaron la presión y estaba disparada sobre 200, me llevaron de urgencia para el salón de operaciones, estaba con preclamsia, había que hacer una cesárea, la presión subía más y más. Cuando me trataron de poner la epidural no hacía efecto, tres veces me inyectaron, fue el dolor más horrible que sentí, pensé que me iba desmayar, la presión subía cada vez más, la doctora me miró y me dijo: Lo siento Johana, no podemos seguir esperando la presión está en un rango muy peligroso, tenemos que dormirte toda, la epidural no te hace efecto. Y ya no supe más nada. No te miento hijo que la experiencia con la epidural me dejó tan traumatizada que casi casi nos quedamos nada más contigo. No sé cuánto tiempo pasó, me desperté en el salón de recobro y solo pensé gracias Dios estoy viva. Una enfermera llegó y me dijo: Felicidades tuviste una NIÑA muy linda. Casi muero, como que una niña??? La enfermera se había equivocado de paciente. Cuando ya estaba más estable me pasaron al cuarto de visitas y pude ver a tu papá, lo primero que hice fue preguntarle por ti. Recuerdo que me dijo: Nació muy chiquito, solo tres libras, es prematuro, tiene varias complicaciones y lo tuvieron que llevar a cuidados intensivos, pero está estable. No pude verte nacer, ni siquiera pude verte ese día. Sólo podía saber de ti por tu pediatra. Hasta que por fin me dejaron visitarte, me llevaron a donde estabas, habían bebes en la sala. Recuerdo cuando estaba en la puerta, pensé cualquiera de ellos puede ser mi bebe, me sentí culpable porque no sentía conexión con ninguno de los que estaban allí. Recuerdo que en mi embarazo me la pasaba viendo videos de Youtube sobre nacimientos y veía como lloraban las mamis cuando le ponían sus bebes en el pecho. Recuerdo que leía mucho sobre esa CONEXIÓN instantánea apenas nace tu bebe. Yo no sentía nada, no me sentía como una madre, solo miedo. Llegó la enfermera y me mostró tu incubadora y empezó a hablarme sobre tus complicaciones. Yo estaba en blanco, solo te miraba allí, tan frágil, lleno de agujas y cables, eras tan chiquito, de verdad que parecías un “ratoncito”, súper flaquito, pero largo, eso sí, tenías una mata de cabello negro, te miraba, quería que estuvieras bien, pero yo no sentía esa conexión, no me sentía madre y allí descubrí LA CULPA. Hijo mío no me dejaban ni siquiera tocarte, te daban leche por gotero, así estuvimos varios días. Pero tú eras fuerte, luchaste y cada día ganabas unos gramos de peso o tomabas unas oncitas más de leche. Sabes cuál fue el peor día, el día que me dieron de alta, ese día me permitieron cargarte, lloré como nunca, tanto que una enfermera vino hablar conmigo y a consolarme, el dolor de irme y dejarte allí no tiene comparación. Yo no podía ir a verte todos los días, no teníamos auto, el hospital estaba lejísimo y yo tenía que cuidarme la cesárea. Tu papi sí fue todos los días y te cuidaba. Cuando ya me sentía mejor pude tomar un bus y visitarte, todavía me dolía un poco la herida. Llegué al hospital y una enfermera me dijo que no podía verte porque había llegado más tarde de la hora de visita y que volviera otro día. Recuerdo que lloré a mares y le suplique que me permitiera verte aunque fuera un ratito, que no era justo jugar con el dolor de una madre y que tuviera compasión, llevaba días sin verte. Gracias a Dios pude cargarte unos minutos. Un día recibimos la esperada noticia de tu doctor: Ya se pueden llevar a Alessandro, está fuera de peligro. Que emoción tan grande, te buscamos bajo una lluvia horrible. Sabes hijito, que el año en que naciste, Panamá tuvo una de las crisis de agua más grande que ha existido. Llovió por tantos días sin parar que se dañó la planta potabilizadora y medio país se quedó sin agua varios días. Así que tu mami estaba allí, con una herida de cesárea, en cuarentena, con un bebe prematuro y sin agua. En el país se acabaron hasta las aguas embotelladas. Llegaste a casa y en ese momento fue que empecé a sentir esa conexión. Oh Dios soy madre, tengo un hijo y ahora qué hago? Y empezó la locura. Sabe que cuando estabas en el hospital te decían la mascotita de cuidados intensivos, porque eras tan pequeñito, pero llorabas fuertísimo. Bueno hijo, no se equivocaron. Explícame como es que si yo me la pasé durmiendo en todo mi embarazo contigo, tú decidiste no dormir nada cuando ya estabas afuera. Nada fue como en youtube. Oh por Dios chiquillo. Solo dormías dos horas de seguido, te levantabas y llorabas por tres horas más. Dormir??? Que era eso. Entré en una depresión horrible. Me sentía la peor madre del mundo. Todo el mundo me decía que los bebes se calmaban solo con sentir el calorcito y olor de su madre. Y tú ni por allí. Más rápido te calmabas con tu papito. Tanto así que a veces me ponía un sweater de él para que sintieras su olor. Eras el bebe más llorón del mundo. Nos estábamos volviendo locos. En serio Alessandro, no he conocido a nadie que te supere llorando. Por supuesto las abuelas me decían: Ahhh pero si tú eras igualita. En resumen hijo mío yo quería salir corriendo, no quería estar aquí, ya no aguantaba más y nuevamente comencé a sentir LA CULPA. Descubrieron que sufrías de reflujo severo. Gracias a Dios sanaste y de a poquito como que entendiste que mami y papi necesitaban un respiro y comenzaste a dormir. Te volviste el niño más tierno y cariñosos del mundo. Querías abrazar y besar a todo el mundo. Recuerdo que una vez te pusiste triste porque un niño no quiso jugar contigo. Tú no entendías por qué alguien no quería ser tu amigo. Hijito a veces no sé si es una bendición o será un problema que seas tan bueno. Mi niño la vida es dura, tristemente hay personas muy malas. Te van herir, te van a romper el corazón algún día y tienes que ser fuerte. Yo te veo cada día, y jamás he conocido a una persona con un corazón más puro y sensible que el tuyo. Eso me da miedo, porque vives en un mundo donde piensas que todos son buenos y que nadie te va a ser daño. Mi misión cada día es trabajar en tu autoestima y que siempre tengas claro que aunque el mundo se te venga encima Dios y tu familia siempre estarán contigo. Eres fuerte, eres especial, no dejes que nunca nadie te haga creer que no puedes hacer algo. Perdóname hijo. Perdóname por todas las veces que he perdido la paciencia y no he comprendido que tú tienes derecho a desarrollar tus habilidades a tus tiempos. Perdóname por las veces que aunque no te lo demostré, una vocecita en mi cabeza te comparaba con los otros niños. Perdóname por las veces que tu mamá despistada se le olvidó mandarte las cosas para las manualidades de la escuela. Perdóname por las veces que me pediste jugar contigo y yo no pude porque moría de tristeza. Sabes que cuando eras pequeño, tu papá decía que tú tenías dos ángeles de la guarda. Sabes por qué, yo no he conocido un niño que se haya caído más que tú cuando estaba aprendiendo a caminar, como te distes golpes, nos la pasábamos en la sala de urgencias. Una vez corriste al baño para abrazar a papito y te caíste, tu cabeza quedo exactamente en el pie de papá. Ese fue tu ángel de la guarda. Después nos dimos cuenta que necesitabas botitas ortopédicas por tus piernitas chuecas, que apropósito heredaste de mí. Te nos enfermabas mucho, resfriado, tras resfriado, fuimos a todos los doctores del mundo. Pensábamos que eras alérgico, hasta que una otorrinolaringóloga dio con que tenías amigdalitis no sé con cuantas cosas más y a los dos añitos te operaron. Fuiste fuerte y aguantaste un dolor profundo. Dos años después te nos enfermaste de nuevo y volvieron a operarte, nuevamente nos demostraste que eres un guerrero. Inconscientemente te protegía mucho, no quería que te hicieran daño. La noche antes de tu primer día de escuela lloré y lloré. Pensaba de todo, que no te ibas a adaptar, que ibas a estar asustado. Y cuál fue mi sorpresa , pues que más feliz no podías estar. Ese día aprendí que mis miedo, no son tus miedos. Que tienes derecho a tener tus propias experiencias y aventuras. Que tengo que confiar que podrás superar tus propios retos y decepciones. Solo me queda amarte y demostrarte cada día que siempre voy a estar aquí para ti, jamás te juzgaré, yo te apoyo. Puedes contarme todo lo que te pase, todo lo que sientas, todo sin pena. Hijito, me pediste que para tu cumpleaños querías ir a pasear con Dieguito, papito y mamita, y no dudes que lo vamos a hacer. Porque aunque mami y papi ya no viven en la misma casa, siempre seremos tu familia. Seguiremos compartiendo y acompañándote todos los momentos que tú desees. Cada día me sorprendes más, tienes una sabiduría de un viejito. Me da pena decírtelo pero le he preguntado a Dios si yo era la mejor opción para ser tu madre. Es que tú eres como un ángel lleno de bondad e inocencia, y tu mami ha metido tantas veces la pata tratando de hacer las cosas bien. Pero cuando me dices: Mami yo te quiero, eres perfecta para mí. Me doy cuenta que si Dios quiso que llegaras a mi vida, es porque él sabía que si podía, con mis errores y todo, pero con el amor más grande que puede existir. Hijo, hace seis años me hiciste madre. Hoy te veo “Ratoncito”, cantando y brincando por toda la casa y recuerdo cuando te veía en cuidados intensivos lleno de cables. Recuerdo aquella vez que por tu reflujo te ahogaste y dejaste de respirar, ese día NO TUVE MIEDO, jamás pensé que te podía perder, al contrario, saqué una valentía y una fuerza increíble y solo pensaba: Tengo que salvarle la vida a mi hijo. No recuerdo ni como hice, pero volviste a respirar. También recuerdo cuando le pedía a Dios que quería para ti los dones de la SABIDURÍA y la NOBLEZA, efectivamente te los di. Que Dios te acompañe siempre y que cada día de tu vida esté lleno de bendiciones. Te amamos!!!

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